22 de febrero de 2012

Nacer. Crecer. Estudiar. Recibirse. Trabajar. Enamorarse. Tener una familia con esa persona y morir; con más o menos agregados pero la vida de la mayoría es tan predecible y olvidable como eso. Creo que el cambio no está en ir contra el mundo y buscar rebelarse ante un sistema del cual no se escapa nunca (o no del todo), sino en dejar marcas.
El otro día, alguien me hizo entender que un hombre puede estar con cuarenta minas y el hecho de que esté conmigo, por ejemplo, no me hace una más si yo no permito que así sea. No pasa por buscar destacar, por esforzarse en ser especial, sino por la personalidad de cada uno y lo que se haga con ella, y ese es mi miedo: Ser olvidada; pasar por este mundo sin que nadie el día de mañana se acuerde de mí. Y creo que este miedo fue creciendo cuando me tocó a mí perder y quedarme de este lado, recordando a alguien que, de acá al día en el que me toque a mí irme, voy a amar y voy a llevar conmigo a todos lados. Fue ahí que me cayó la ficha de que si no te recuerda nadie acá abajo, es como si nunca hubieses existido.


No queda nada más de uno que la memoria de esos pocos.

0 comentarios:

.